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Rafa Nadal culminó una semana gloriosa con su victoria este domingo sobre Denis Shapovalov, por 6-3 y 7-6 (7), para dar a España su sexta Ensaladera en un 2-0 sobre Canadá, punto decisivo que sumó a un ejercicio de superioridad imparable en la Caja Mágica de Madrid. El sexto campeonato llega ocho años después de la de 2011 ante Argentina, a las que precedieron las obtenidas en 2009, 2008, 2004 y 2000.

Nadal demostró ser invencible en Copa Davis y, después de la victoria previa de Roberto Bautista sobre Felix Auger-Aliassime, Shapovalov lo sufrió. La joven dupla canadiense, que ganó la Davis Júnior en 2015 en el pabellón madrileño, sufrió la motivación in crescendo de la Armada, que no pierde una eliminatoria en casa desde 1999, a base de remontadas y superar reveses fuera de la pista.

El de Manacor no pierde un partido con España desde hace 15 años y logró su 29ª victoria individual seguida para devolver a España a lo más alto ocho años después, quinto título para el balear al igual que Feliciano López. El número uno se apoyó en un saque más que fiable y la resistencia de Shapovalov se fue poco a poco agrietando. El americano salvó un inició con dudas, pero afrontó bola de break en cada saque hasta que cayó.

Nadal se puso 5-2 y con 10 errores forzados menos que su rival se apuntó la primera manga en poco más de media hora. Shapovalov venía de jugar el mejor tenis de su prometedora carrera, que comenzó a resonar ganando al propio Nadal en Montreal en 2017, y no tiró la toalla. Aguantó el chaparrón y desafió a su prestigioso rival en un toma y daca que resolvió la emoción de una muerte súbita, con tres bolas de torneo en la enésima píldora de épica del héroe nacional.

El balear hizo buena la emocional victoria de Bautista, quien volvió a la Manolo Santana tres días después de perder a su padre. La nueva Davis no dejó de poner a prueba a la anfitriona, obligada a remontar de madrugada casi cada jornada y sacudida por la fatal noticia que llevó al castellonense a abandonar el equipo. “Para salir de la adversidad hay que dar la cara”, dijo tras su 7-6 (3) y 6-3, que celebró con emoción, con los dedos y mirada hacia el cielo.

España se quedó su final, en el inicio de una nueva era para la Davis, un torneo centenario que pedía cambios y que aún tendrá que hacer más, pero que dejó buenas dosis de emoción y pasión. La que enseña por ejemplo Nadal, un campeón de todo, quizá el mejor de la historia, que celebra más que en Melbourne, París, Londres o Nueva York cada punto de la Copa Davis.

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