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Editorial

A las 5:30pm, tras cuatro horas exactas de juego en la cancha número 2 y con la luz del atardecer fungiendo como reflector, Lleyton Hewitt utilizó las reservas de energía que le quedaban para levantar los brazos y despedirse del público que presenció su último duelo en Wimbledon. Después, caminó hacia el centro de la cancha, volteó a la grada y levantó los pulgares hacia sus más fieles admiradores, The Fanatics.

Hace dos años, Andy Murray logró al fin lo que ningún británico había hecho en mas 70 años: ganar el título de caballeros en Wimbledon.

Un día después de que Goran Ivanisevic derrotara en cinco sets a Patrick Rafter en la final de Wimbledon, el Daily Mail tituló su portada con el encabezado “The Man Who Proves There Is A God (El hombre que comprobó la existencia de Dios)”.

Algo es seguro: el único rival al que nadie puede derrotar es el tiempo. No importa cuántas veces uno intente escapar de él, éste siempre nos alcanzará a todos.

La final de Roland Garros 2015 será recordada, entre muchas otras cosas que la historia se encargará por determinar, por ese inverosímil tiro de Stanislas Wawrinka que pasó entre el palo de la red y el anuncio de IBM, por la forma en que Novak destrozó su raqueta y por la ensordecedora ovación de los parisinos para el subcampeón Djokovic.

Durante las semanas de hierba, todos saben que Roger Federer juega cada año en Halle y que Andy Murray hace lo mismo en Queen’s. Otros tienen problemas al predecir dónde jugará Rafael Nadal (este año jugó en Stuttgart y Queen’s, pero el año pasado jugó en Halle). Sin embargo, lo que nunca nadie sabe es dónde juega Novak Djokovic antes de Wimbledon. ¿Cuándo fue la última vez que Djokovic jugó un torneo previo a Wimbledon? Si algo ha caracterizado al número uno en los últimos años es su ausencia en los torneos de pasto antes de la cita en el All England Club.

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