Los cuatro mejores jugadores masculinos del tenis moderno, quienes han ganado más de 500 millones de dólares en 16 años, llegan a Melbourne conscientes de que sus días como entidad dominante están contados, si no es que ya son historia.

Tras lo mostrado en 2018, éste podría ser el momento de Alexander Zverev, o quizás el Abierto de Australia 2019 pertenezca a Stefanos Tsitsipas o Daniil Medvedev. Los australianos podrían incluso celebrar finalmente a un campeón local desde Mark Edmondson, hace 43 años, si Alex de Minaur, de 19 años, continúa realizando milagros en cada torneo que disputa. Ubicado en el puesto 212 del ranking, Edmondson fue y sigue siendo el campeón de Grand Slam con la clasificación más baja de la Era Abierta; los sueños se hacen realidad.

Para Rafael Nadal y Andy Murray, sin embargo, sólo ha habido pesadillas recurrentes, y en los últimos meses, sus escasas perspectivas de volver a visitar las glorias anteriores retroceden rápidamente.

A su alrededor, los jóvenes, hambrientos como si fueran lobos, se reúnen. Únicamente Novak Djokovic y Roger Federer, líderes de la época dorada, parecen capaces de resistir aún las exigencias de cinco sets. Sin embargo, Novak y Roger también son intermitentemente vulnerables. Así se los hizo saber Zverev en las ATP Finals en noviembre, cuando los venció en partidos seguidos.

Si bien es poco probable que Murray se retire antes de que arranque el Australian Open, como lo hizo hace un año para sometersea una cirugía de cadera que le dio esperanzas, pero ningún milagro, Nadal está luchando para llegar a la línea de salida con una larga lista de lesiones que mantendrán ocupados a los departamentos médicos de cada torneo donde se presente.

El muslo izquierdo de Nadal se unió a su cadera y otros tendones conectados para forzar su retiro en Brisbane durante el inicio de 2019, su noveno en 13 de sus torneos más recientes. Esos son números sorprendentes y sugieren que el final será apresurado para el español 32 años, aunque los cinco títulos logrados en 2018, incluida la onceava Copa de Los Mosqueteros en Roland Garros, junto a las semifinales en Wimbledon y Flushing Meadows, iluminan la penumbra.

También derrotó a Zverev en la tierra de Valencia (Copa Davis) y Roma, y a Tsitsipas en Barcelona y Toronto. Murray, que venció solo a dos de los 20 mejores jugadores entre sus cinco victorias en 12 partidos disputados, no tuvo tal bálsamo. Cuando el joven ruso Medvedev lo derrotó en una hora y 21 minutos recientemente en Brisbane, se le recordó al ganador de tres Grand Slam y ex número 1 que, a los 31 años, simplemente ser competitivo será su mayor reto a lo largo de la naciente temporada.

Hasta hace un año, Nadal jugaba al tenis que recuerda su inolvidable 2009 y estaba encaminado a batallar con Federer una vez más en Australia. Todo iba bien hasta que sufrió un colapso con una lesión en la pierna y la cadera en los cuartos de final contra Marin Cilic. Un retiro más al historial se puso en marcha y su temporada 2018 quedaría marcada desde ahí.

"Si seguimos jugando en estas superficies muy, muy duras", se quejó Nadal más tarde, "¿Qué pasará en el futuro con nuestras vidas?". La respuesta podría no estar muy lejos.

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