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Al final del Australian Open 2016, uno de los jugadores más populares colgará los tenis y la raqueta para decirle adiós a su carrera profesional.

El australiano Lleyton Hewitt jugará su último torneo cuando participe en el primer Grand Slam de la temporada 2016 en Melbourne, a 724 kilómetros de su Adelaide, su ciudad natal. El “Happy Slam” 2016 será la vigésima participación del ídolo local.

El escenario donde todo empezó, será el mismo donde todo finalizará para Hewitt, quien irrumpió en la escena mundial como jugador de dobles en Wimbledon 2000. En aquel año, Lleyton alcanzó la final de dobles mixtos junto a su novia de aquel entonces, la belga Kim Clijsters, pero la pareja perdió ante los estadunidenses Kimperly Po y Donald Johnson.

No pasaría mucho tiempo para que el “aussie” finalmente brillara en un Grand Slam, pues dos meses después, Hewitt, de 19 años, se convirtió en el jugador más joven en ganar el título de dobles en el US Open cuando hizo pareja con Max Mirnyi.

Hewitt continuó su éxito en Nueva York el siguiente año cuando conquistó el primer título “major” de su carrera cuando derrotó por 7-6, 6-1 y 6-1 a un tal Pete Sampras.

“Lleyton es rápido. A lo mejor no tiene el poder de Andre [Agassi], pero no falla”, dijo el ex número uno sobre el rival que lo privó en aquel momento de su quinta corona en Flushing Meadows. “La velocidad en sus manos y pies es fenomenal”.

La victoria convirtió a Hewitt en el tenista más joven en ganar el US Open desde que el propio Sampras lo hiciera en 1990.

La gloria en la Gran Manzana fue el inicio de una carrera fantástica para Hewitt. En 2002, añadiría un segundo Grand Slam más a su palmarés, Wimbledon, derrotando en la final a otro contemporáneo suyo, el argentino David Nalbandian (6–1, 6–3, 6–2). Con el transcurso del tiempo y a horas de su última actuación en Melbourne, Hewitt cuenta con marca de 615-261.

A pesar del éxito de “Rusty” sobre las canchas, la gente y los aficionados hablarán más de su legado. Hewitt se convirtió en el rostro del tenis australiano y a la fecha, lo sigue siendo, incluso cuando una nueva generación de talentosos jugadores ha surgido para mantener el nombre de Australia en el plano mundial.

Sin embargo, la devoción por Hewitt no fue siempre la misma, sobre todo en los primeros años. La prensa de su país lo criticó en repetidas ocasiones por su actitud ante los medios, su falta de respeto hacia los aficionados y su estilo de juego.

Puños al aire, golpes de pecho y gritos, muchos gritos, eran las principales características del joven Hewitt sobre la cancha. “Exagerado”, “Ridículo” e “Inmaduro” eran los adjetivos que muchos de sus críticos le asignaron, sin comprender que dicho espectáculo era parte del juego, especialmente por su baja estatura (1.78), tenísticamente hablando.

“Tenís que luchar contra la presión de los medios y ser mentalmente fuerte”, explicó Hewitt. “No tenía el mejor de los juegos. No soy el más alto ni el más fuerte, así que tuve que aprender a competir con los grandes jugadores. Trabajé en mi devolución desde que tenía 9 o 10 años”.

Y son esas cualidades, más allá de su rendimiento en la cancha, lo que hará perdurar su legado. Lo hicieron no sólo un tenista más, sino un atleta reconocido en el mundo del deporte.

Donquan Van Nguyen, escritor de The Roar, una popular publicación en Australia, ha cubierto la carrera de Hewitt desde el comienzo, y mejor que nadie, describe lo que éste representa para su país.

“Ganar dos ‘majors’, la Copa de Maestros y alcanzar el número uno a la edad de 20 años, es algo que sólo puede calificarse como espectacular”, señala Van Nguyen. “Aquellas lesiones que sufrió al principio cobraron factura con el tiempo e impidieron que llegara más lejos, pero hoy en día, es visto como uno de los íconos deportivos más respetados de Australia. Y cuando tenga que colgar la raqueta, sin duda alguna será uno de los momentos más tristes para los aficionados y todos los involucrados”.

Como el rostro del tenis australiano, el siguiente rol de Hewitt será asumir la capitanía del equipo australiano de Copa Davis, pero también tendrá en sus manos la responsabilidad de encaminar las carreras de jóvenes como Nick Kyrgios y Bernard Tomic, quienes a pesar del potencial, se han visto ya involucrados en diferentes escándalos y críticas.

“Quedará en Kyrgios, Tomic y Kokkinakis, entre otros, continuar su legado”, afirma Van Nguyen.

Pero antes que eso ocurra, Lleyton Glynn Hewitt tendrá la oportunidad de jugar unos últimos partidos y el público, de disfrutar la última versión de un hombre que le fue fiel a un único mandato: jugar con pasión.

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