Algo es seguro: el único rival al que nadie puede derrotar es el tiempo. No importa cuántas veces uno intente escapar de él, éste siempre nos alcanzará a todos.

Incluso un atleta trascendental como Roger Federer no es inmune a esta inevitabilidad. Próximo a cumplir 34 años, el suizo se encuentra en el crepúsculo de su ya legendaria carrera. No tan hábil para ganar títulos cada 8 ó 15 días como alguna vez lo hizo, el éxito reciente del “maestro” sobre las canchas del mundo ha sido esporádico.

Sí, pese a la veteranía, Roger aún deslumbra a propios y extraños con la brillantez que ejecuta con su inseparable Wilson. Pero esos momentos son opacados por la inconsistencia. Para su avanzada edad (en estándares estrictamente tenísticos), Federer ya no puede salir de la cama e invocar a su mejor juego como en sus mejores años.

Conforme pasan los días, semanas y meses, ese enorme pico que alguna vez alcanzó se ve cada vez más lejano.

Tres años (o bien una eternidad para él) han pasado desde que Federer conquistó su título 17 de Grand Slam. Desde entonces, el suizo ha sido incapaz de incrementar ese número, más cuando sólo ha alcanzado una final en un torneo “major”. El verano pasado estuvo cerca de acabar con esa negativa racha, pero al final, fue Novak Djokovic quien salió victorioso de una épica batalla en la Cancha Central del All England Club.

A estas alturas, sus actuaciones en Grand Slams tienen un peso añadido. No es que Federer solamente intente conquistar el ansiado título 18, sino que también busca mantener su distancia con Rafael Nadal (14) para que éste no lo rebase y reclame eventualmente el sobrenombre de “El Mejor de Todos los Tiempos” .

Cuando Federer derrotó a Andy Murray en Wimbledon 2012, parecía que una nueva (última) racha de títulos en “Slams” comenzaría, más cuando además del trofeo recuperaba el número uno del ránking. Sin embargo, el suizo ha perdido en cuatro de los últimos 11 torneos grandes que ha disputado, algo que no había ocurrido en los ocho años previos al verano de 2012.

Propenso a más actuaciones decepcionantes últimamente (sobre todo contra jugadores que juegan en la línea), Federer ha hecho todo los posible para acabar con su sequía. Cambió a un marco más grande en 2014, sacrificando algo de su patentado control por más tranquilidad. Stefan Edberg, su ídolo de la infancia, fue incluido en su equipo de entrenamiento para añadir una voz capaz de criticar y corregir su depurada técnica. Juntos, Federer y Edberg han ajustado la estrategia, enfocándose en las aproximaciones a la red para mantener los puntos cortos y especialmente, le han dado descanso al cuerpo.

Dichos cambios ciertamente han dado dividendos y no sólo por el nivel esperado. Pero las derrotas en Grand Slam durante los últimos años comprueban lo difícil que es para un veterano como Federer jugar contra jugadores más jóvenes y ágiles.

Forzado a jugar partidos de tres a cinco sets cada dos días en los cuatro eventos grandes del tenis lo castigan físicamente como antes no ocurría. Con poco tiempo de recuperación, Federer necesita un benévolo “draw” para avanzar a las instancias finales.

Hace apenas unas semanas, tuvo una oportunidad de oro para volver a triunfar en Roland Garros, pues logró evitar a Djokovic, Nadal y Murray en su cuadro. No obstante, el sueño de una segunda Copa de los Moqueteros se desvaneció cuando su compatriota Stan Wawrinka (a la postre campeón) lo venció en cuartos de final. Dicha derrota dio más crédito a la opinión generalizada de que Wimbledon será la opción más realista de que pueda agregar un nuevo Grand Slam a su palmarés.

Su tarjeta de presentación habla por sí sola: siete veces campeón en el All England Club (2003-2007, 2009 y 2012). Ningún otro escenario en el mundo acentúa su juego como la Cancha Central. Vestido con la indumentaria blanca de Nike, Roger Federer, en Wimbledon, es una mezcla entre mago y artista sobre el césped.

Tiros precisos, letales servicios, “slices” dañinos y voleas colocadas en lugares que dejan pasmados a sus rivales. Éstas son sus armas sobre el pasto y las mismas le han dado un éxito inigualable. ¿Podrán surtir efecto una vez más? Tal y como le dijera al USA Today hace unos días, “su meta es que eso ocurra”.

“Wimbledon ha sido la gran meta esta temporada y estoy muy feliz por cómo se siente mi cuerpo. Sigo aquí para hacer las cosas bien, para ganar torneos, para ganar Wimbledon y hacer todas esas cosas. Estamos en la temporada de hierba y tengo una clara imagen de lo que quiero que ocurra durante el próximo mes”.

Haber ganado el torneo Halle por octava ocasión fue una clara muestra de que Roger no bromea al respecto.

En Roland Garros, Djokovic recibió una gran dosis de humildad al ver cómo sus esperanzas por ganar el único grande que le falta fueron destrozadas por la versión superlativa de Wawrinka. Pero cabe señalar que “el otro suizo” no es el más pulido de los jugadores sobre la superficie verde. Los otros dos del “Big Four” , Murray y Nadal, han tenido temporadas con altibajos y dolores, lo cual, a pesar de sus respectivos títulos en Queen’s y Stuttgart, no los exenta de la vulnerabilidad.

Otros contendientes como Milos Raonic, Marin Cilic, Jo-Wilfried Tsonga y Kei Nishikori han lidiado con lesiones, nublando aún más sus panoramas rumbo a la cita en Londres.

Mejor ocasión para que Federer levante el octavo título en Wimbledon no puede haber.

Sus oportunidades de añadir otro Grand Slam se agotan. Cuánto pueda seguir jugando a un nivel competitivo es incluso un misterio para él. Por esa razón es que la edición de Wimbledon de este año tendrá una mayor dimensión.

Si un poco de buena fortuna lo acompaña en el camino, puede que el domingo 12 de julio lo veamos besar nuevamente el trofeo más importante del tenis.

#BEL18VE

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