Una década de dólares

El US Open pagó parejo desde 1973 y el Australian Open desde 2001, pero Wimbledon y Roland Garros se habían regado a hacerlo. Hasta que Venus Williams amenazó con una huelga sindical (no realmente, pero algo por el estilo) y los organizadores de Wimbledon no tuvieron de otra más que ceder y después Roland Garros hizo lo propio. Entonces, ese año, cuando Venus y Roger Federer levantaron el trofeo en el All England Club, ambos ganaron 1.4 millones de dólares. Ésta era la quinta vez Roger ganaba Wimbledon y la tercera vez para Venus, pero la primera en que los dos se llevaron el mismo cheque.

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De hecho, ESPN dedicó un capítulo de su serie de documentales Nine for IX a la batalla de Venus Williams contra los “abominables organizadores del tenis” y la contribución de Venus al tenis femenil (Técnicamente para las jugadoras que entran a Wimbledon y Roland Garros).

Por otro lado, en octubre pasado, se cumplieron 40 años del partido “Battle of the Sexes” entre Billie Jean King y Bobby Riggs, y escuchamos una y otra vez lo maravillosa y lo rock-star que es Billie Jean King. Por ejemplo, Robin Roberts de ABC News, que dijo: “El triunfo de King fue para todas las mujeres”.

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Esta fecha también causó polémica Mona Charen de Yahoo Sports, quien declaró: “Me niego a pensar que la noción de equidad entre hombresy mujeres recaiga en el hecho de que una sola tenista haya sido físicamente tan fuerte como un hombre”. Cada quien…

Si tomamos en cuenta una jugadora profesional de la WLS (Women’s League Soccer) gana menos al año que el supervisor de mantenimiento de un estadio de futbol, y que la NBA tiene un rating 38 veces mayor que la WNBA, podríamos decir que el tenis es el deporte más equitativo del mundo, ¿O no? ¡Viva Billie Jean King y Venus Williams! ¿O no? Sin embargo, por más justo que parezca, lo que ganan los tenistas al año no tiene tanta lógica; empezando por que las jugadoras guapas y/o asiáticas ganan más que ciertos hombres mejor rankeados que ellas. En 2013, en patrocinios, Maria Sharapova superó a Rafael Nadal (23 millones de dólares ella y 21 él), Li Na a Novak Djokovic (15 millones de dólares ella y 14 él) y Caroline Woskniaki, que no ha conseguido un solo torneo desde 2012, ganó más que Andy Murray, que ganó Wimbledon.

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En parte, esto se “justifica”. Cuando Gilles Simon se quejó de que los hombres pasan más tiempo en la cancha en los Grand Slams y aun así ganan lo mismo que las mujeres, Serena Williams y Maria Sharapova le contestaron: “Nuestros partidos tienen más ratings que los tuyos”.

¿Recuerdan la época de Anna Kournikova? Cuando ella y Patrick Rafter jugaban a la misma hora en el Australian Open, los australianos preferían ir a ver a la rusa que a su compatriota (entonces número 1 del mundo).

No por nada, siete de las diez atletas mejor pagadas del mundo son tenistas, mientras que sólo Roger Federer está en esa misma lista del lado masculino. La verdadera crisis, lo que de “equitativo” no tiene nada, es cómo los organizadores de los torneos dividen sus premios monetarios. Cada vez, como todo en esta vida, los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres… Hace poco, la universidad Florida State publicó un estudio donde se demostraba que en el sistema de pagos en el tenis hay una disparidad enorme; estos aumentan cada vez más para quienes están en la cima del ranking y disminuye para quienes están “en el suelo”.

Hay varias explicaciones a esto; algunos torneos hacen un draw de 32 pero sólo entran 28 jugadores, para que los primeros en la siembra pasen directo a la siguiente ronda, de forma que estén “protegidos” y puedan llegar más lejos (y, lógicamente, los no sembrados tienen todavía menos probabilidad de ganar). Por otro lado, la cantidad de dinero que los torneos pagan a los ganadores se ha vuelto un arma publicitaria. La gente dice: “¡Wow! El campeón se llevará $800,000 dólares”. Y en muchas casos, lo que hacen es restarle al cheque de las primeras rondas y sumárselo al de las últimas.

Ahora bien, con eso de que en años recientes los nombres que se graban en los trofeos no han variado mucho, este modelo de distribución de riquezas no es muy justo que digamos. El deporte blanco está casi convirtiéndose un poker Texas Hold’em.

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Bethanie Mattek-Sands (40 del ranking) dijo algo al respecto que vale la pena mencionar sobre el estudio de la Universidad de Florida: “Me encantaría sentarme con la Directora de la WTA y enseñarle estas estadísticas para ver qué opina al respecto [...] Obviamente hay que recompensar a los ganadores. Pero al mismo tiempo, hay tenistas jóvenes rankeados en el 100, 80, 60 que son grandes jugadores y ellos también tienen cuentas qué pagar y entrenadores a quienes pagarles”.

Después de todo esto, me pregunto: ¿Los triunfos de Billie Jean King y de Venus Williams, fueron para el tenis, o más bien para el feminismo?

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