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Novak Djokovic... el incuestionable número 1, el gran invicto del año, el invencible, el predestinado a hacerse con su Grand Slam número 18 en este US Open 2020, ha logrado lo que ningún otro tenista en este año: derrotarlo.

Objetivamente, el serbio tiene una de las mentalidades más fuertes de toda la historia. Ha logrado imponerse ante

Roger Federer y Rafael Nadal en los escenarios más importantes del deporte blanco. Sus hazañas son impresionantes, y su potencialidad, convertirse en el mejor de la historia.

Es el tercer jugador con más torneos de Grand Slam (17), a partir del 21 de septiembre será el segundo con más semanas como número 1 del ranking (287), comparte con Nadal el record de más Masters 1000 (35), es el único en la historia en lograr el Golden Masters (conseguir todos los Masters 1000) dos veces, entre muchos otros. Todo lo conseguido es fruto de su mentalidad de acero, de su consistencia, resiliencia y ambición.

Lamentablemente, el día de hoy, esa mentalidad prodigio se ha manifestado en su espectro negativo.

En busca de un lugar en los cuartos de final en Nueva York ante el español Pablo Carreño Busta (27), el serbio fue quebrado en el onceavo game del primer set.

Un gesto reprochable, pero involuntario, una agresión, pero sin intención: Djokovic, sin mirar, lanzó una pelota hacia atrás, en el sector en donde se encuentran los ballboys y la jueza de línea, golpeándola en la garganta a esta última. Inmediatamente se acercó a ella para disculparse, pero no fue suficiente, la USTA lo descalificó, y posteriormente lo sancionó con una multa de 250,000 dólares, amén de quitarle los puntos y el dinero conseguidos en la edición 140° del US Open.

Consecuentemente, ha dado fin a su estatus de invicto, el que mantuvo por 26 partidos, pero lo más importante, ha dejado pasar la oportunidad de conseguir su Grand Slam 18°, uno hecho a medida, en el que no tendría que enfrentarse a Rafael Nadal (2), Roger Federer (4) ni a Stanislas Wawrinka (15).

Su imagen y su legado, se han manchado. Venía errático desde el Adria Tour, torneo organizado por él en el que varios jugadores, el serbio incluido, contrajeron el COVID-19. Sus ansias por ser el mejor le han jugado en contra.

En un día lamentable para Djokovic, uno que querrá olvidar rápido, a su vez, es triste para los seguidores de este gran deporte, que hemos perdido la posibilidad de ver a un iluminado vencer al gran invicto, a un jugador que brille en la cancha y derrote al número 1, y no ver al número 1 descalificándose a sí mismo.

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