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Existe una escena hacia el final de la película “Borg/McEnroe” en el que la decisión de elegir a Shia LaBeouf como John McEnroe se vuelve brillantemente clara: habiendo avanzado a la final de Wimbledon, el tenista enfrentó a los medios durante una conferencia de prensa y ahí sacó a relucir su mal carácter por la insistencia en discutir su comportamiento poco profesional en la cancha en contraposición a su desempeño tenístico. Es una de las varias escenas en las que se ve al actor – quien se habla de tú con la controversia- lanzando insultos y obscenidades como si fueran pelotas de tenis. Jugando sus puntos fuertes, la interpretación del joven McEnroe se vuelve uno de los mejores créditos de LaBeouf a la fecha.

“Borg/McEnroe” se centra en la edición 1980 de Wimbledon, con Björn Borg (Sverrir Gudnason) en la cúspide de su carrera y buscando ganar su quinto título consecutivo en La Catedral. Sin embargo, el número uno del mundo tiene que enfrentar la presión que desde hace meses viene ejerciendo un joven estadunidense de carácter explosivo: John McEnroe. Aquellos que estén esperando una mirada microscópica a la vida de cada uno de estos dos legendarios jugadores, sin embrago, saldrán decepcionados. El título “Borg/McEnroe” en realidad refiere al estudio balanceado de la rivalidad entre el sueco y el estadunidense (aunque en Suecia el título de la película simplemente es “Borg”).

Y mientras que LaBeouf puede ser un componente necesario en el éxito de esta biografía en particular -sobre todo por su mala fama en Hollywood-, es en realidad el guión de Ronnie Sandah lo que hace atractiva a la película. A diferencia del drama de Ron Howard de la Fórmula 1 “Rush” (2013), que dispersó el tiempo en pantalla de los rivales James Hunt y Niki Lauda de forma uniforme, Borg y McEnroe parecen leones enjaulados esperando ser liberados. La frialdad con que Gudnason interpreta a Borg es aplaudible, y cada vez que Bjorn, Mariana y/o su entrenador Lennart (Stellan Skarsgard) hablan sueco en vez de inglés, le añaden un toque de autenticidad a la obra dirigida por Janus Metz.

En lugar de desarrollar la película contando la historia de cada uno, el director Metz destaca la historia de ambos tenistas mientras ambos forjaban sus temperamentos y cómo éstos afectaban el rendimiento en sus partidos. Para los fanáticos del tenis, “Borg/McEnroe” no les ocasionará conflicto alguno. Aun así, el encuentro final -una emocionante secuencia de 20 minutos- está dirigido con la destreza requerida para que tal obstáculo demuestre, como las películas “Neruda” y “Jackie” de Pablo Larraín, que las ‘biopics’ no tienen siempre que ser precisas y exactas en su narración.

A pesar de demostrar cómo la neurosis y la fama pueden (temporalmente) encajar, "Bjorg/McEnroe", por desgracia, se queda corta en varios aspectos.

Todo el mundo sabe quién ganó (Borg) y lo que ocurrió después (McEnroe venció a Borg en la misma final un año después). No hay gracia. La rápida edición y la notoria presencia de los dobles de Gudnason y LaBeouf, le quita dramatismo a la representación del llamado mejor partido de la historia del tenis. Los nervios con que el público presencia el partido en la Cancha Central de Wimbledon no son contagiosos, y el discurso de que "la victoria es siempre es lo más importante" -el cual se percibe durante toda la película-, al final se transforma en un empate (inexistente en el tenis), pues mientras Borg recibe su quinto trofeo de Wimbledon, McEnroe es aplaudido y reconocido por su buen comportamiento. Un error forzado como resultado final.

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