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Las cuatro categorías de la magia del tenis

El tenis es un deporte muy duro y se requiere de sangre, sudor y lágrimas. Si alguna vez has trotado en una empapada camisa Dri-Fit a través de la nieve y el granizo del norte de Wisconsin para llegar a una infestada burbuja donde se encuentran tres canchas arcilla Har-Tru de mala calidad con botes impredecibles, entonces sabes a lo que me refiero. Así que ajústate, y prepárate para recibir los beneficios de una vida tenística no tan indulgente.

Un hombre sabio una vez me dijo, “lo más importante es que tan bien puedes caminar a través del fuego”. Reconociendo la “Cuatro Categorías de la Magia en el Tenis”, no solo podrás caminar a través de fuego, sino también será tolerable el correr afuera de la burbuja. Amigo, la victoria es sobrevivir.

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Si tú eres un competitivo jugador junior, como yo lo fui, y estás interesado en conseguir logros, como pueden ser una beca universitaria, tener ranking regional o jugar Copa Davis, la categoría uno es tu primer paso. De hecho, logrando la categoría uno te permitirá competir en División I de la NCAA. Lo que necesitas hacer es encontrar un compañero de entrenamiento confiable, de preferencia uno con la fama de “pasabolas”, y practicar pasar 50 pelotas seguidas, con gran calidad y hacerlo por lo menos cinco veces seguidas. Y esto lo puedes hacer cruzado o al centro.

Pero definamos “gran calidad”: un buen jugador de categoría uno debe ser capaz de golpear cada pelota con una total aceleración de raqueta, y mantener el objetivo de las 50 pelotas. Las claves para esto son: pegar con top spin pesado, y tener una buena trayectoria sobre la red.

Sé una Máquina de Categoría Uno

Uno vez que puedas hacer eso, que ya no sudes, es hora de ir al ejercicio con la forma de número ocho, donde un jugador tira al centro y el otro va cruzado. Si estás haciendo bien este ejercicio. Cuando ambos jugadores acaban muertos al final. Esto es posible solo pegándole con gran aceleración y un top spin pesado. Las pelotas muy planas o muy suaves, pueden arruinar el ejercicio; luego es como volver a lo de las 50 pelotas. Pero si puedes dominar el ejercicio con la forma del número ocho, no pasará mucho tiempo para que puedas llevar esa forma de pegarle hacia un partido. Es una progresión natural, así que deja que suceda, deja que fluya. Ahora eres una máquina de categoría uno.

Cuando jugué para los Badgers de la Universidad de Wisconsin, tuve la oportunidad de jugar contra el jugador número siete de la nación en ese momento, Steve Moneke, de Ohio State. Mi coach me dijo antes del partido, “Pete, te va a ir bien si tiras globos. No le gustan los globos”. Fui recorrido al número dos para ese partido, y aparentemente tenía unos globos mortales para combatir al mejor jugador de Ohio.

Moneke parecía un fisicoculturista, y sin decir nada más, me retiró de la cancha en 45 minutos, pero no sin antes demostrar el criterio de la categoría dos. Moneke siempre pegó con gran aceleración, sin sudar, y cada intercambio de más de 10 pelotas, el salió avante. El tenía un físico muy atlético, no fallaba y cubría la cancha como si fuera una gacela. Un jugador de categoría dos debe estar mejor físicamente que un jugador de categoría uno, para poder atacar desde el fondo de la cancha y cerrar los puntos en la red. Iba 5-0 abajo cuando le hice un juego a Moneke, para que la gente del estadio no presenciara un penoso 6-0. Inmediatamente vi como mi coach corrió por electrolitos, píldoras de sal e inyecciones de adrenalina.

Los Escalones más Altos

La categoría tres y cuatro son los escalones más altos de llegar en tenis, y son dos categorías con las que no estoy muy familiarizado. A pesar de que tuve el privilegio de intercambiar peloteos con el jugador número uno de Canadá en dobles, Daniel Nestor, en una de sus últimas visitas a Toronto. Considero que Nestor es un jugador de categoría tres en singles -en ese momento no pudimos jugar dobles-. Inmediatamente quede impresionado por su juego de pies, anticipación y agilidad en el fondo de cancha, y eso que no realizó saques. No hubo una pelota que no le pegara con gran aceleración.

La diferencia entre un jugador categoría dos y uno de categoría tres es que el tres trata de matar, su ilimitada condición mental lo mantiene totalmente enfocado. Mientras trastabillaba en una esquina de la cancha, me di cuenta del proceso de Nestor: pega, corre, vuelve a pegar, cierra y mata. Una y otra vez, sin sudar. Eso es buen tenis. Simple, ininterrumpido y repetitivo.

Para graduarte en categoría cuatro, lo que es equivalente a dar un salto de campeón de la NCAA o 400 del mundo a ser un top 50 o 25, “demanda de una inefable calidad”, como me lo dijo una vez un amigo. Cuando vi a Andy Murray en el verano del año pasado en la Rogers Cup, se sentía una suave sensación en el estadio, y escuche a un hombre delante de mi decirle a su esposa, “al diablo con Norm, voy a tratar de jugar con esos jovencitos con raquetas elegantes”.

Obviamente el hombre estaba delirando, pero Murray lo motivó a algo. Como cuando una buena película te hace querer comprar un nuevo guardarropa, o invitar a salir a esa chica guapa que viste en el camión.

Esa es la magia que necesitas para llegar a la categoría cuatro, Y Murray la tenía en esa apacible tarde de agosto.

Peter Marrack es un escritor freelance que reside en Toronto y jugó para los Badgers de la Universidad de Wisconsin-

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