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En Bolivia hay dos rarezas: una es la salida al mar (Chile se apropió de ella a fines del siglo XIX) y un tenista. Esto último era más difícil hasta que apareció Hugo Dellien. Y tiene el récord de ser el cuarto de su país en participar de Roland Garros (el último había sido Mario Martínez que vivía en Estados Unidos y jugó entre 1979 y 1985 y alcanzó el Nro. 32 del mundo, quien perdió con Ivan Lendl por 6-1, 6-0 y 6-1, en la segunda ronda del Abierto de Francia del 1984; los otros dos fueron Eduardo Pancho Gorostiaga, jugó de 1968 a 1977 y alcanzó el puesto 288 del ranking y Ramiro Benavides, (del 70 al 87, llegó al 124 del escalafón mundial).

El tenista de 26 años nació en la ciudad de Trinidad, cerca de Santa Cruz de la Sierra (última morada del Che Guevara) en el seno de una familia de clase media alta. Su padre es arquitecto y la mamá trabaja en acciones solidarias de la gobernación de Trinidad. Pero, hace algunos años, su familia se encontró con problemas económicos por lo que sus padres no pudieron apoyarlo en su carrera.

Empezó a jugar en un club privado en donde se podían hacer diferentes deportes y sus papás lo llevaban ahí a modo de guardería, lo dejaban a las 2 de la tarde hasta las 8 de la noche. Era un ambiente familiar en donde se jugaba fútbol, tenis y otros deportes.

Comenzó a destacarse desde muy temprano y a los 13 años se fue a vivir a Santa Cruz de la Sierra. Dejó el colegio presencial (estudió por Internet) y se fue a vivir con el entrenador Mauricio Solís. Tres años después le aconsejaron ir a Buenos Aires, que es la capital del tenis en Sudamérica. Como no había tradición de tenis en Bolivia, las empresas de su país le daban la espalda a cualquier tipo de auspicio, por lo que Hugo contaba solamente con el apoyo económico de unos familiares de Estados Unidos, un apoyo que terminó en diciembre de ese año.

En 2016 abandonó el tenis y comenzaron las salidas nocturnas y a la universidad y... ¡a subir de peso!

Fue entonces cuando se propuso invertir en una fábrica de hielo con algo de plata (15 mil dólares) que había ahorrado en su ciudad natal. Pero, a los pocos meses, fue al cajero al automático a sacar plata y no tenía dinero para nada, ni para comer. Y se tuvo que volver a vivir con sus padres. Ya tenía 20 años.

Un día acompañó a su hermano Iker a jugar un torneo de tenis y era la primera vez que pisaba un club de tenis en seis meses. Al llegar, los chicos se le acercaban para pedirle fotos y autógrafos y le preguntaban por qué había dejado el tenis. Para ellos, Hugo era el mejor tenista de Bolivia de la historia. Ese afecto de los chicos lo devolvió a los entrenamientos. Llamó al entrenador argentino Eduardo Médica, que tenía su academia en México, y se fue para allá. Pasó Navidad con él y se quedó a entrenar por seis meses. Eduardo no le cobró nada. No tenía ranking y volvió de cero. Luego, jugó la clasificación de un torneo, entró al cuadro principal y ganó el título (en el camino venció a Facundo Argüello y a Auger Aliassime). Con la plata que ganaba en los torneos se fue a Europa a jugar Interclubes, torneos por plata y Futures. A partir de ese momento comenzó a entrenar con Alejandro Fabbri y terminó ganando tres torneos en cinco semanas. En 2018 ganó 2 de los 3 Challengers que disputó en Estados Unidos y se metió entre los 150 del mundo.

El año pasado avanzó dos rondas en el Grand Slam parisino y cobró cerca de 100 mil dólares."¡Nunca ví tanta plata junta!", declaró en los medios.

Hincha del Oriente Petrolero, sueña con ganar Roland Garros. Y, a esta altura, soñar no cuesta nada.

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