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Las ATP Finals dicen adiós a Londres

Las ATP Finals dicen adiós a Londres

Redacción

Pocos hubieran apostado por que intentar reunir a más de 17,000 personas en un frío estadio situado en el este de Londres saldría bien, pero las ATP Finals, disputadas en el O2 Arena desde 2009, han demostrado ser un completo éxito y un evento que se echará de menos en el calendario tenístico.

Desde que la nueva ubicación, que sustituyó a la glamurosa Shanghái en 2008, comenzó a funcionar, ocho campeones se han paseado por los pasillos de este pabellón; más de 120,000 personas, por año, han avistado los encuentros desde la grada y millones y millones de euros se han movido entre premios, recaudación y publicidad.

El proyecto llevado a cabo por Chris Kermode, director en 2009 de las Finales -hasta que pasó en 2013 a ser presidente de la ATP-, y de Brad Newett, jefe de operaciones de la ATP que falleció por ELA en 2013, ha desembocado en un torrente de éxitos que no parecía posible cuando este evento danzaba por Asia, con el objetivo de ampliar el mercado de este deporte.

Traerlo de vuelta a Europa, donde ya había habitado diez años entre Fráncfort y Hánover en los 90, además de algunas ediciones esporádicas en Barcelona, Lisboa, París y Estocolmo, parecía ir en contra del espíritu del torneo.

Londres es una capital de tenis, ya tiene Wimbledon, el único Grand Slam en hierba, y Queen’s, uno de los mejores ATP 500 del calendario. ¿Por qué aglutinar más tenis en un estadio/centro comercial apartado del centro, mal conectado y al que apenas va gente?

«Nadie hubiera previsto que funcionaría del modo que lo ha hecho», dijo Kermode a la ATP hace más de un año. «Este torneo se ha convertido en una pieza vital del calendario. Algunas de las cosas que intentamos por entonces nunca se habían hecho en este deporte y ahora se ha convertido en el ejemplo a seguir para cualquier evento ‘indoor’ en el mundo».

La ATP supo ver en 2008 el despegue de la rivalidad entre Rafael Nadal, Roger Federer y un incipiente Novak Djokovic, además del tirón británico de un jovencísimo Andy Murray, y se trajo el evento, hasta 2012, a Londres.

Lo albergaría el O2, reconocido por su concepto de centro comercial y de plaza para grandes eventos. No en vano sus pasillos están decorados como los de Wembley, con fotos de los grandes artistas que han pasado por su escenario.

Los Rolling Stones, Paul McCartney o Bruce Springsteen son solo algunas de las estrellas enmarcadas en el camino que recorren los tenistas desde su vestuario hasta la pista o que decoran la sala de prensa.

Todo lo que tenía de espectacular, con los sonidos y luces en los saques directos, en los puntos de ‘break’ y en el ojo de halcón, así como con los medidores de ruido en los últimos años, lo tenía también de complicado a la hora de volver a casa. Uno de los pocos lunares que se le pueden reprochar.

La sesión nocturna, a poco que se fuera de hora, implicaba larguísimas colas desde la entrada del O2 al metro de North Greenwich, para intentar coger el último tren de la línea ‘Jubilee’ a medianoche.

No impidió eso sí, que el torneo fuera un éxito, con los billetes agotados para las dos sesiones (en total más de 35.000 espectadores) en muchas ocasiones.

Esta espectacularización del tenis, como si de la NBA se tratara, caló en los londinenses, acostumbrados a las tradiciones y la rectitud de Wimbledon.

Estos dejaron el Pimm’s y las fresas con nata y abrazaron las pizzas y perritos calientes y el torneo de maestros echó a andar, donde los propios tenistas también empezaron a fusionarse poco a poco con la ciudad de Londres.

Viajaron en el metro de Londres rodeados de gente y leyendo el periódico, visitaron el Parlamento inglés y posaron con un Boris Johnson que por entonces era alcalde, fueron fotografiados en la Torre de Londres, en la antigua central eléctrica de Battersea o a orillas del rio. Incluso era habitual que estos desayunaran mientras un barco les transportaba de su hotel, situado enfrente del London Eye, por el Támesis hasta la ribera del O2.

Deportivamente, además, se vivieron historias magníficas en cada una de sus ediciones. Londres vio a Nikolay Davydenko ganar contra todo pronóstico en 2009, los dos últimos títulos -por ahora- de Roger Federer en 2010 y 2011, el dominio de Novak Djokovic desde 2012 hasta 2015 y la irrupción de la novedad.

El torneo de 2016 cuando Andy Murray derrotó a Djokovic en la final y le arrebató el número uno del mundo, la sorpresa de Grigor Dimitrov en 2017, de Alexander Zverev en 2018, de Stefanos Tsitsipas en 2019 y de Daniil Medvedev en 2020.

Ha visto también pasar por sus paredes a cientos de estrellas menos relacionadas con el mundo de la raqueta. Los futbolistas David Beckham, Diego Armando Maradona -que fue abucheado por la famosa Mano de Dios- y Cristiano Ronaldo, el jugador de snooker Ronnie O’Sullivan, los actores Ian McKellen y Hugh Grant, e incluso el carismático José Mourinho, que tuvo que consolar a Andy Murray después de que este cayera por 6-0 y 6-1 contra Federer en 2014.

«Me vio, me abrazó y ya. No me dijo más», reconoció Murray, que un año después tendría que aparcar el ‘Mario Kart’ para acudir a la llamada del deber.

La final del 2015 fue suspendida por incomparecencia de un lesionado Federer y el director del torneo tuvo que telefonear a Murray, que estaba en su casa jugando al videojuego de carreras del fontanero, para que disputara una exhibición contra Djokovic.

Una de las tantas historias que han circulado por la cita final de temporada y que ahora pasarán a contarse en Turín, la nueva sede de la joya de la corona de la ATP, al menos hasta 2025.

Algunos como Nadal o Djokovic vieron con buenos ojos el cambio, para promocionar el tenis, mientras que otros como Federer abogaron por que Londres, que extendió tres veces el contrato desde 2009, se mantuviera como la sede.

Ahora que el traslado de poderes ya es seguro, el suizo lo acepta con ironía.

«Jugaría las Finales ATP hasta en la luna», bromeó Federer, el hombre que más veces (6) ha ganado este torneo.

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