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Editorial

Tuvieron que pasar 37 años para que un tenista mexicano llegara a una final de Roland Garros… Y el veracruzano Santiago González lo hizo y sigue escribiendo su propia historia en el libro dorado del tenis mexicano, tan vapuleado en las últimas tres décadas.

"¿Por qué te emocionas tanto? Son solamente dos hombres en shorts pasando la pelota por encima de una red", me dice el subconsciente. "No entiendo tu fascinación".

"Quién hubiera pensado que el tenis canadiense estaría por encima del estadounidense".- John McEnroe, Wimbledon 2016.

El tenis es mucho más que exigentes batallas físicas y psicológicas entre dos jugadores. El tenis es alegría, diversión y risa, pero también es decepción, dolor y frustración. El tenis es un vaivén de emociones.

Antes de contar los inicios allá por fines del siglo XIX, ocurrió un hecho lamentable en 1940: el bombardeo de la ciudad por parte del nazismo.

A primera vista, Stan Wawrinka parece más un jugador de hockey o futbol que tenista. Espalda ancha, hombros gruesos, pecho erguido, barba de semanas y apariencia ruda. Sí, Stan es fuerte, pero sobre todo, es impredecible. Le gusta señalar su cabeza con el dedo índice durante los partidos. Lo hace porque sabe que si mantiene su mente limpia y el revés afinado, puede derrotar a quien sea, donde sea.

Podría decirse que a donde quiera que vaya y juegue, el drama persigue a la francesa Alize Cornet, pero técnicamente, el error radica en afirmar que Cornet y el drama son dos entes separados cuando en realidad son uno mismo.

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