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12 jugadoras

Sólo quienes se atreven a recorrer ese camino incierto, pueden aspirar a ser competitivos al más alto nivel; sólo quienes están dispuestos a pagar el precio, pueden alcanzar el profesionalismo; sólo quienes se arriesgan a intentar, tienen derecho a llegar.

Lejos de casa, 36 semanas al año. Cuando todavía no termina un torneo, el sorteo para el siguiente ya se realizó. La presión no cesa. Difícilmente se pueden conocer los lugares que se visitan. La rutina es siempre la misma.

No se permiten distracciones. Cada día, a lo largo y ancho de esas semanas, se debe mantener un nivel de enfoque y concentración que permita el máximo rendimiento físico, mental y emocional.

Planeación de partidos. Competencia al más alto nivel. Entrenamiento en cancha. Preparación física. Rutina de gimnasio. Dieta establecida.Sesiones de recuperación. Contacto con la prensa. Compromisos con los patrocinadores.

El calendario está tan saturado, y es tan exigente, que no hay tiempo para festejar la victoria, ni para lamentar la derrota. Los momentos de reflexión se limitan a los trayectos de viaje.

Las experiencias se acumulan; el cansancio, también. Los músculos se sobrecargan, la cabeza se agota, el sentimiento de lejanía invade. Se debe volver, cuanto antes, al estado de concentración y enfoque que permite el máximo rendimiento físico, mental y emocional.

En los tiempos libres, una película, un libro, una llamada a casa. Entrenamiento excesivo, competencia desmesurada, desgaste extremo. Por momentos, la presión y la exigencia sobrepasan la capacidad de adaptación del jugador; de vez en cuando, se debe lidiar con alguna lesión.

De vez en vez, se atraviesa por una buena racha; de tanto en tanto, se cae en un abismo que parece no tener fin. Entonces, se asimilan las palabras del periodista deportivo estadounidense, Grantland Rice: “El éxito es bueno si no va a la cabeza; el fracaso no es tan malo si no ataca el corazón".

Así, es como se disfruta el tenis; así, es como se sufre el tenis; así, es como se vive el tenis.

Por eso, cuando aparecen raquetas dispuestas a pintar el deporte blanco de verde, blanco y rojo, se agradece tanto.

Por eso, este espacio está dedicado a ellas: 12 jugadoras mexicanas que recorren el camino incierto; 12 jugadoras mexicanas dispuestas a pagar el precio; 12 jugadoras mexicanas que aspiran, que se arriesgan, que luchan por ganarse el derecho de llegar.

También, a sus entrenadores, porque son imprescindibles, porque su trabajo es igualmente valioso, porque su presencia trasciende; porque, sin ellos, los sueños podrían soñarse pero, difícilmente, realizarse.

Marcela Zacarías (Diego Marañón); Ana Sofía Sánchez (Billy Cezner); Victoria Rodríguez (Alain Lemaitre); Alejandra Cisneros (Pedro Posadas); Renata Zarazúa (Agustín Moreno, Hans Gildemaister); Cassandra Vázquez (Nicolás Guízar); Ana Luisa Pérez y María Fernanda Navarro (Pedro Posadas); Constanza Gorches, Camila Fuentes, Jessica Hinojosa, AlexiaCoutiño Castillo (Centro Bic Telcel).

12 jugadores solo tres
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