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En la madre de todas las batallas, un campeón regresó a las alturas después de pasar por el infierno. Roger Federer besó y acarició su decimoctavo Grand Slam, el quinto en Australia, poniendo fin a una sequía de grandes títulos de casi cinco años. Su foto de Wimbledon 2012 pertenecía ya al álbum de antaño y Federer, con 35 años, volvió a escribir un nuevo episodio en su ilustre carrera para ampliar su peso en la historia de este deporte.

Con el trofeo descansando en sus manos, el de Basilea admitía que ya el hecho de haber llegado a la final era casi el triunfo. "Sería igual feliz si hubiera perdido. El regreso es fantástico. El tenis es duro, y no hay empate, si lo hubiera me encantaría compartir este título con Nadal", apuntó. Un respeto de la mayor y más admirada rivalidad en el tenis. "Rafa ha sido definitivamente muy especial en mi carrera. Creo que me ha hecho mejor jugador, porque el nivel de su juego me ha hecho subir. Mi último gran desafío es siempre jugar contra él", sentenció.

Después de un año en el purgatorio, en el que pasó por quirófano para curar su rodilla, no disputó ni Roland Garros ni los Juegos Olímpicos y sólo apareció en las semifinales de Wimbledon antes de despedir el curso de forma precipitada. Ayer, el suizo rompió otra barrera, la que le había impuesto el español en las últimas finales. Se han enfrentado por ocho títulos de Grand Slam y el suizo solamente pudo arrebatarle dos: Wimbledon 2006 y Wimbledon 2007. "Me dije, ganar a Rafa será superespecial y muy dulce, porque no le había vencido en una final del Grand Slam desde hace 'muuuucho' mucho tiempo. Ahora he sido yo". Feliz como si fuera el primero, como si no hubiera ganado antes 17, el suizo no podía esconder la sonrisa. El cielo en sus manos.

Sólo comparable con Roland Garros

Por encima de los números, Federer remarcó las sensaciones, el sentimiento de regresar tras una lesión y con este nivel. "Sólo puedo comparar la magnitud de esta victoria con Roland Garros. Esperé por ese título. Lo intenté, luché. Lo intenté otra vez y fallé. Pero lo conseguí. Este título se siente parecido". Sin embargo, y a pesar de que le interese poco la lista de los que más han ganado, el suizo sigue marcando el ritmo de los campeones. En Australia, donde una vez lloró de pena y de impotencia, ríe emocionado porque son cinco títulos en la Rod Laver Arena. Y es el primer tenista en lograr esta barbaridad de trofeos en al menos tres de los cuatro "grandes". El quinto australiano se suma a las cinco coronas del US Open (de 2004 a 2008), y las siete de Wimbledon (de 2003 a 2007, 2010 y 2012). Roland Garros, sí, solo hay uno.

SUna leyenda vigente a los 35 años

No es el que más estrellas tiene en Australia, pues por delante de él están Roy Emerson y Novak Djokovic, con seis trofeos, pero el récord de su título llega por el ADN, por el que muchos ya esperaban su adiós definitivo después de una larga travesía por las tardes sin gloria.

Su quinto título en la pista Rod Laver llega con 35 años y 174 días. Una edad con la que pocos han sobrevivido en el circuito con títulos de renombre. Sólo Ken Rosewall ganó hasta tres Grand Slams con más edad, pero fue a principios de la década de los 70. Otra época. Otro tenis. Como es el de Federer, que defiende con orgullo, muñeca y calidad de las modas que parecen instalarse poco a poco en el mundo de la raqueta, y en el que se prima la fuerza, la carrera y el pelotazo.

Con su tenis de siempre, adaptado a los nuevos tiempos, y frente a esta nueva generación que, por el momento, todavía tiene mucho que aprender de los veteranos, fija su mirada en el mañana. "Soy un señor mayor que puede ganar veinte Grand Slams", advertía. Tiene ambición y sueña aún con metas. Y aunque se le pregunte una y otra vez por si ve ya su retirada, insiste en que será lo que su cuerpo decida. "No tengo planes. Sé que hay todavía mucho tenis en mí. Ahora, si me lesiono, y si me pierdo el próximo año, quién sabe lo que sucederá", señaló.

No obstante, esta victoria, a cinco sets, por la grandeza de otro Grand Slam, y ante el mayor rival de su carrera, es gasolina para su pasión. Con 18 "majors", no hay nadie más arriba que él en el circuito masculino, pero acaba de igualar a Chris Evert y tiene sólo a uno a la tenista estadunidense Helen Wills Moody. Con 22 espera Steffi Graf. Serena Williams amplió el sábado su estatus y ya tiene 23, a la caza de Margaret Court, en cabeza, con 24 grandes.

Con su palmarés, muchos ya habrían optado por disfrutar mirando hacia atrás. Federer no. No le importan los números, las listas ni los datos. Sólo quiere jugar a tenis. "Sentirme libre", como contra Nadal, para regresar al cielo, y ser más grande todavía.

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